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La canción se hace siempre sufriendo, pero también
reflexionando. Probablemente se trate de una reflexión
paralela al acto de la creación misma, como su complemento
o su punto de apoyo para el próximo paso o el próximo
salto.
Pero la utilidad de la canción, la ética de
su autor, los compromisos de éste con su público
y con su tiempo, el sentido constante de lucha que todo ello
significa y el fustigamiento restallante y audaz de diversas
aberraciones de la conducta social y humana, sólo puede
ser producto de la reflexión y de la mezcla de tres
ingredientes altamente explosivos: la conciencia, el compromiso
y la imaginación.
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